LOS TESOROS DE SAN ANTONIO: ARQUITECTURA, MAGIA E IDENTIDAD PARA LOS CALEÑOS

15/04/2011 § Deja un comentario

Basta con cruzar la Calle Quinta a la altura de la Carrera Cuarta y ya Cali es otra cosa. Atrás queda el ruidoso tráfico, el afán y el agite de la metrópoli. 

Fachada de casa típica del Barrio San Antonio de Cali. Foto archivo El País

Al frente, el horizonte se empina y la mirada se levanta para penetrar por estrechas calles de casas con fachadas blancas o multicolores, con aleros, balcones y ventanales casi en un ambiente de pueblo tranquilo. Eso es el barrio San Antonio.Por dos centurias este lugar se fue convirtiendo en un referente de la identidad caleña, como lo son el complejo de La Merced, la plaza de San Francisco o el Cerro de las Tres Cruces, pero con la diferencia de que San Antonio no es un monumento ni el escenario de un pasaje histórico puntual. Es, más bien, la expresión de una manera de ser, el producto de una idiosincrasia construida con el tiempo. Reflejo de los sueños y anhelos de sus habitantes, sus casas —las antiguas hechas de bahareque y ladrillo—, pero también las más modernas levantadas con cemento y hierro, constituyen el abanico de la historia urbana de la ciudad. El barrio es también un extenso depositario del acervo de los caleños: cuna de las coloridas macetas para ahijados y padrinos; espacio de la devoción religiosa, con capilla en la colina o procesiones patronales y lugar para el espíritu pagano, con vacalocas y castillos de pólvora o calles del arte. Por sus calles sube y baja la tradición oral en boca de sus habitantes de todas las clases sociales. Pero, además, en la expresión de artistas e intelectuales de todo tipo que tienen allí sus viviendas, talleres o espacios de trabajo. Desde la cima, la historia del barrio está ligada a la fundación de la Capilla de San Antonio, cuya construcción se inició en 1746, gracias a Juan Francisco Garcés de Aguilar, un acaudalado ciudadano de Ambato (Ecuador), quien donó un terreno a la cofradía del santo, para que levantaran allí el altar. Pero fue a lo largo del Siglo XIX que el barrio se consolidó. Así surgió un barrio que ha ido reflejando la evolución de la ciudad, con su trazado de manzanas cerradas y casas con muros verticales, que estaban unidas a la capilla en lo alto de la colina, como protectora de la ciudad. Era el mismo trazado que tenía el sector del centro de la ciudad que, hoy día, se ha ido diluyendo. “Por el hecho de ser pendiente, el barrio tomó ese valor de mirador al ofrecer una perspectiva abierta no sólo sobre la planicie, sino también de otros cerros tutelares como el de las Tres Cruces”, señaló el arquitecto y urbanista Ramiro Bonilla, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio. Las huellas de ese proceso urbanístico de la ciudad están plasmadas allí, en San Antonio. “En este sector hay representación de movimientos arquitectónicos y urbanísticos internacionales que no llegaron directamente al barrio, sino a los de las clases más altas”, explicó el arquitecto restaurador José Luis Giraldo, quien prepara la publicación del libro ‘San Antonio, patrimonio que vive’, en el cual analiza aspectos sociales, antropológicos, urbanísticos y arquitectónicos del emblemático sector De acuerdo con el experto, las primeras casas fueron levantadas con técnicas mestizas del bahareque y el embutido de barro, así como con adobe. Este estilo se mantuvo hasta la década de 1920 cuando se fue imponiendo una arquitectura de influencia historicista ecléctica, al estilo de las construcciones que se hicieron en el centro y norte de la ciudad en aquella época. Hacia los años 30 se impusieron movimientos modernos como el ‘art dec’’ que, mezclados con estilos neoclásicos, evocaban las majestuosas construcciones europeas de siglos anteriores. De puertas hacia adentro, en la distribución de las viviendas estaba presente el carácter íntimo de la vida familiar, con casas de grandes solares. “Estas tendencias marcaron un estilo arquitectónico que, a su vez, reflejó la identidad social de sus pobladores, porque fueron ellos las que construyeron sus viviendas según sus gustos, anhelos y necesidades, tomando de cada tendencia lo que más les agradaba”, explicó Giraldo.

De este modo, San Antonio es como un libro abierto que permite leer en sus calles y casas capítulos completos de la historia cotidiana de la ciudad. “Mi abuela compró el lote de su casa en San Antonio, en 1929. Primero levantó un rancho hasta que en 1956 construyó la casa que hoy se conserva. No creo que tengan un valor arquitectónico relevante, pero está acorde con el desarrollo urbano de aquél momento, con sus puertas y ventanas, con ese sentido de verticalidad, con su cubierta de tejas de ladrillo y su alero de un metro de ancho, que dieron esa identidad particular” acotó Bonilla.

TradicionesA sus 78 años Margot Jiménez, quien nació en este histórico sector, hace memoria de los años de infancia en el barrio. “Una de las épocas más especiales era la de las fiestas de San Antonio, nuestro santo patrono, cada 13 de junio. La imagen de San Antonio era llevada hacia la capilla en una anda adornada con flores, mientras que las señoras desfilaban luciendo mantones negros de grandes flecos. La procesión iba acompañada además por una banda musical que se denominaba garrón de puerco y todo culminaba con la misa campal, que se hacia desde el atrio de la iglesia.

Margot evocó cómo la gente subía desde el barrio hacia la capilla. “Era a través de los ‘quingos’ (palabra indígena), unas gradas hechas de piedra que lamentablemente fueron tapadas por esos inmensos y feos muros que luego le pusieron a la loma. Hoy en día, la celebración del 13 de junio sigue congregando a la comunidad, aunque algunas costumbres se han desvirtuado”, dijo Margot, quien hace parte de la Corporación Los Ayerones, grupo integrado por adultos mayores, de todas las clases y profesiones, que se reúne en tertulias para recuperar la memoria oral del barrio.

Otra de las celebraciones religiosas especiales del barrio ha sido el 29 de julio, día de San Pedro y San Pablo, fecha en la que se celebra el Día de las Macetas.

El origen de esta celebración se pierde en el tiempo, dando lugar al surgimiento de múltiples leyendas que en diversas versiones dan cuenta de cómo Dorotea —una mujer negra que sólo disponía de agua y azúcar para celebrar el 29 de julio el cumpleaños de sus hijos mellizos Pedro y Pablo— recibió el favor de los dos santos, quienes se convirtieron en los padrinos de sus hijos y le enseñaron a la mujer una receta para convertir el azúcar en una masa con la que podía elaborar confites, dando así origen a la celebración.

“Es algo que ha continuado entre generaciones de familias. Recuerdo que de niña apostábamos carreras por la colina con nuestros macetas adornadas, con coloridas figuras de papel, coronadas con ringletes, que nosotros llamábamos mariposas”.

Entidades como la Cámara de Comercio de Cali han desarrollado programas para mantener viva la tradición a través de la realización de una serie de programaciones culturales a lo largo del mes de julio, que incluye concursos, exhibiciones y venta de las macetas, en diversos lugares.

Y a pesar del paso de los años y de la modernidad ese espíritu de costumbres y tradiciones permanece latente en San Antonio. “Estas calles pintorescas y evocadoras no serían lo mismo sin sus habitantes, gentes del Cali Viejo que aún hacen negocios de palabra”, aseguró el artesano ecuatoriano Mauro Phazán, quien vive en el barrio desde hace 45 años.

Afincado en su taller ‘El Palomar’, en lo más alto de la colina, Phazán destacó la dinámica singular de San Antonio. “Cuando usted traspasa la calle quinta, siente de inmediato una frecuencia distinta, como si entrara a otra dimensión, todo es más tranquilo, desaparecen los afanes. A lo largo de las cuadras se observan escenas cotidianas, como el encuentro de los vecinos en la tienda del barrio, mientras que a la colina llegan los estudiantes universitarios en busca de recreación. Todo ello da un sentido de comunidad”, agregó.

Atraído también por su arquitectura particular, el director y dramaturgo Álvaro Arcos tiene una relación especial con el barrio, al que llegó en 1968. Desde hace poco más de dos décadas fundó allí la sede de Cali Teatro. “Es un reflejo de la Cali de Antaño, que se ha ido matizando con el ambiente cultural, generado por artistas de todos los campos, así como intelectuales y profesionales de otras áreas como arquitectos o abogados que lo han convertido en un referente de la ciudad ante el país y el mundo”, agregó Arcos.

Virtudes y defectosSan Antonio fue declarado por Acuerdo Municipal como patrimonio cultural y arquitectónico desde 1985. En opinión del arquitecto José Luis Giraldo, esto significa que el Municipio adquirió un compromiso para preservar y mantener vivo a San Antonio como espacio de referencia de la ciudad. “Ese compromiso requiere de un plan de manejo de ese complejo urbano, lo que implica el desarrollo de estudios profundos y detallados sobre la estructura social y urbanística del barrio, conocer su historia, tradición y la conformación de su población, su actividad económica o su relación con el entorno, entre otros aspectos, que permitan definir cuáles son las normas que deben establecerse para su protección y revitalización, sin perder su identidad. Sin embargo ese estudio no se ha hecho”.

Por eso, para una gran mayoría de habitantes del barrio resultó desconcertante el anuncio que el director de Planeación Municipal, Juan Carlos López, hizo a El País el pasado 11 de marzo, en el sentido de proponer dentro del proyecto de renovación del POT de la ciudad que los sectores de Granada y San Antonio se conviertan en “zonas de vocación comercial”.

Para Bonilla, los habitantes del barrio tienen derecho a expresar su opinión sobre el futuro del barrio. “Lo que buscamos es que la población se manifieste sobre cómo se ve hacia el futuro y se busquen soluciones que permitan que San Antonio conserve sus valores patrimoniales y se pueda mitigar el impacto que desde ahora está causando el uso comercial de algunos negocios ya establecidos. Los ejemplos que tenemos de sectores como Granada y Centenario son muy elocuentes”, agregó.

El presidente de la Junta de Acción Comunal reconoció que San Antonio es polo turístico de la ciudad, por la identidad que tiene. “Pero ha sido un flujo que ha podido absorber. En la actualidad, la ficha normativa sólo permite unos ocho tipos de negocios, cuyos horarios y dinámicas de funcionamiento se acomodan al carácter residencial del barrio. Sin embargo, en los últimos años están comenzando a establecer negocios nocturnos que causan problemas de circulación, de ruido, que atraen a personas no deseadas, afectando la vida sus habitantes. Esta situación ya se la manifestamos al Secretario de Planeación en una reunión que se hizo para discutir el tema”, señaló Bonilla.

Por su parte, el arquitecto Giraldo agregó que como bien patrimonial cualquier proyecto en el sector exige diversos procesos. “Planeación debe consultar todos los considerandos que llevaron a declarar este lugar como espacio de interés histórico y urbanístico y pedir un concepto del Ministerio, como parte del proceso de revisión de la ficha normativa del barrio”.

A pesar de la polémica, San Antonio sigue allí, impasible, encumbrado en la loma tutelar de los caleños, como un espejo de lo que fuimos y de lo que hemos sido. Como la expresión de una manera de ser, pero también una invitación a saber valorar, por encima de la ganancia y la riqueza, esas pequeñas cosas que hacen de la vida cotidiana un tesoro invaluable.

“Cuando usted traspasa la Calle Quinta siente una frecuencia distinta, como si entrara a otra dimensión. A lo largo de las cuadras se observan escenas cotidianas. Todo ello da un sentido de comunidad”.

Por: Ricardo Moncada Esquivel | Periodista de Gaceta

Tomado de http://www.elpais.com.co/elpais/cali/tesoros-san-antonio

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